12/28/11

Benedicencia: La palabra activa

La primera que leí la palabra "benedicencia", pensé "qué locura, esa palabra no existe". Tal vez lo mismo le pasó usted al leer esta entrada, y no lo culpo. Ojalá también, como a mi, le haya despertado curiosidad pues en cierto sentido la palabra no registrada en los diccionarios tiene algo que hace que ésta se quede pegada en las conciencias más que en las mentes.

En efecto, "benedicencia" es una palabra que no existe en el diccionario, lo curioso es que su antónimo, la palabra "maledicencia" existe.






En base a esto fue que el Sacerdote Católico José Manuel Otaolarruchi inició el pasado mes de Noviembre una campaña en Twitter a favor de esta palabra propuesta por él para practicar el bien cada día, en este caso, a través de las redes sociales, comenzando por Twitter y el hashtag #Benedicencia.

Aqui la presentación por él mismo:

Benedicencia
Autor: Padre José Manuel Otaolaurruchi, L.C.
Esta palabra no aparece registrada en el diccionario y sugiero a los miembros de la Real Academia Española que la introduzcan en el vocabulario porque es una necesidad hoy más que nunca en que los chismes, las calumnias, el cotilleo, la curiosidad mal sana y todo lo que tenga que ver con meter la nariz en la vida ajena campea a sus anchas. La benedicencia se puede definir como el hablar bien de los demás. Su contrario, la maledicencia desde luego que existe y se practica olímpicamente. Me sorprende que de las 100,000 palabras que conforman el castellano nos hayamos dejado fuera la benediciencia. ¿Será que no se practica? “De lo que está lleno el corazón, habla la boca”, dice el refrán. De un corazón egoísta salen las envidias, los celos, los rencores, las rivalidades. Pero de un corazón bondadoso lo único que puede surgir es la afabilidad, la cortesía, los sentimientos de comprensión y de conmiseración. El pensar y hablar bien del prójimo purifica el alma y la libra de los humores tóxicos. El hombre bueno saca del tesoro de su corazón el reconocer las cualidades y virtudes de los demás, algo que en apariencia quedó fuera de nuestro vocabulario. 




Me gustó y me motivó desde el principio, que la palabra se ha quedado conmigo para siempre. Decidí adoptarla no sólo por mi comunión con las ideas del Padre José Manuel, a quien felicito por tan acertada propuesta, sino porque la palabra me conquistó con la rítmica propia de su síntaxis y por su connotación.

Para mi la palabra benedicencia, envuelve en ella a otras palabras compañeras y amigas que quizá la engendraron desde el principio de los tiempos: "bondad y bendición" como bases y "decir y ciencia" como auxiliares.

Por lo anterior y sin más, a partir de hoy también practicaré su uso diariamente, pero sobretodo practicaré su acción, pues la nueva palabra Benedicencia es ahora la palabra activa que se mueve en todos los planos y nuevos medios y lo que es mejor, que surge de corazones de buen ánimo, de deseos sinceros, de corazones bendecidos.

La humanidad ha pasado tantos siglos a la orden de la malidicencia. Todo lo malo se expresa diariamente con tantos pretextos: "por broma, por cultura, por desahogo, por libertad, por derecho"... entonces, ¿porqué no practicar mejor la benedicencia? ¡Cuántas cosas fructificarían en nuestras vidas si lo hiciéramos!

¡Arriésgese y ayude! No tema a ser parte de los bondadosos, de los positivos, de los que cambian al mundo con ideas, con palabras puras, con acciones simples y ricas, con manifestaciones de amor. Benedicencia al Padre Juan Manuel, que seguro fue un instrumento del espíritu para proponer esta nueva forma de promover el bien social, la unidad humana, la comprensión permanente y en efecto dominó y global, para promover LA PAZ.



Columna del hashtag #Benedicencia en Twitter

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11/24/11

Libros: 20 Poemas de Amor y una canción deseperada

Este libro me lo obsequió mi papá, cuando yo tenía 15 años. No se como estos poemas se llegaron a impregnar en mi en tal forma, que hoy estoy segura que definen la persona que soy en mi forma de amar todo cuanto esta a mi alrededor.



La Canción Desesperada-Pablo Neruda
Portada 1988




La palabra AMOR

De sólo cuatro letras, de alma propia y significados múltiples, de autoridad y dimensiones profundas, de espíritu y canto, de versos y poemas musa, dueña de todo y de nada esa es la palabra AMOR.

¿Cuántos autores, escritores, románticos, bohemios sufridos, amantes empedernidos habrán escrito de ella? La palabra amor en español, proviene del latín, "amor, -ōris" y abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el deseo pasional de intimidad del amor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor platónico pasando por la profunda unidad o devoción del amor religioso. 

Es importante resaltar que, el amor religioso, trasciende del sentimiento y pasa a considerarse la manifestación de un estado de la mente o del alma, identificada en algunas religiones con Dios mismo y con la fuerza que mantiene unido el universo. Este es un tipo de amor que evidentemente no cambia: el que ama a Dios, ama más allá de cualquier concepto que la palabra amor pudiera definir. Y el que ama así, puede experimentar el amor en toda su dimensión.

En todo caso las emociones asociadas a esta palabra tan recurrida y a veces tan temida pueden ser extremadamente poderosas. El amor, en sus diversas formas, actúa como importante facilitador de las relaciones interpersonales y, al mismo tiempo suele ser un recurso inmediato para la transmisión de sensaciones a través de artes creativas. Suele suceder que las mejores obras creadas en la historias, fueron concebidas bajo el efecto del amor o el desamor.

En mi marco funcional de pensamiento el amor simboliza, dentro de mi ser, principalmente las experiencias aquellas que dejaron o siguen dejando gratas satisfacciones en mi vida, aunque también debo incluir aquellas que a pesar del amargo trago dejaron un huella imborrable de amor demostrado pese a las circunstancias negativas.

Ahora, si pasamos a mi estructura sentimental, el plano del amor se convierte en un campo cubierto de flores en el que me gusta caminar cada día. Tengo un corazón poeta, de ésos que permiten escribir frases cursis, llenas de miel, disparatadas ideas que subliman el alma por la exaltación del espíritu cuando quiere amar y dejarse amar. Esa soy en la cotidianidad.

Unificar la razón y el corazón, es prácticamente imposible, y no lo digo yo, lo dicen algunos expertos de diversas áreas. Por citar a uno, Friedrich Hegel, aseguraba: "Pensar y amar son cosas distintas, El pensamiento en sí mismo es inaccesible al amor". Una frase que dice todo.

Mis experiencias han coincidido en mucho con mis sentimientos y en esa parte me siento bendecida. Se puede decir que vivo "razonablemente enamorada" y que de vez en cuando experimento "catarsis naturales de amor". Éstas últimas son características del género humano y por lo tanto justificables, en mi opinión. 

¿Se han fijado que el amor cambia? Es tanto así que el amor  ha adquirido nuevas representaciones, nuevos conceptos modernos y complejos que causan alteraciones en la percepción de las sensaciones y opiniones de dicho sentimiento que vivifican la experiencia precusora y catalizan la experiencia moderna. No se trata más que de la evolución humana de amar.

Se ama y se odia al mismo tiempo, se aprecia y se desvalora a la vez, se construye y se destruye en todos los campos, incluyendo el del amor. El bien y el mal se representan en un solo, pero es cuando triunfa el bien, cuando el amor se corona como sentimiento supremo. La palabra amor es ésta la implicada, la ensalzada, la rechazada, la divina, la del todopoderoso creada para nombrar el más puro regalo que Él nos quiso dar. El amor es la vida, es el mar, es respirar y dejar que el cerebro articule sabiendo que lo hace en sintonía con el corazón. Todo un ciclo, eso para mi el amor. La palabra es sólo el significante.